El hundimiento del acorazado Roma el 9 de setiembre de 1943 significó un duro golpe para Italia. Uno de sus buques de guerra más importantes era hundido por Alemania apenas 20 horas después de que la Regia Marina abandonara el puerto de La Spezia para entregar sus naves a los aliados tras el armisticio en plena II Guerra Mundial. Pero el destino quiso que este episodio bélico tuviera un impacto notable en Maó, el puerto de la isla de Menorca (España) que se halla más al este y que aún recuerda este hecho de forma muy especial.
El ataque de la aviación nazi destruyó el barco italiano que disponía de una tripulación de 2.021 personas. Sólo sobrevivieron 620 que fueron rescatados por una flotilla de siete navíos de guerra que acompañaban al Roma. Para poder tratar a los heridos pusieron rumbo al puerto neutral más cercano. Con Francia ocupada por Hitler la opción elegida fue Maó en Menorca. Aunque España mantenía estrechos lazos con la Alemania nazi que había ayudado al dictador Francisco Franco a ganar la Guerra Civil, seguía siendo una nación neutral. Maó disponía también de un importante hospital naval en la llamada Illa del Rei (Isola del re) desde que la isla estaba bajo dominio británico en 1711.
El 10 de septiembre a las ocho de la mañana cuatro buques italianos con 520 tripulantes del Roma llegaron a Maó. Los otros 100 atracaron en Pollença en la isla vecina de Mallorca. De los 520 que alcanzaron Menorca, 285 estaban heridos y 13 habían muerto.
En el hospital naval de Maó les atiende el doctor Bernat Sampol. Trece hombres más no sobreviven a las heridas recibidas y fallecen. Los 26 italianos muertos son enterrados en el cementerio de Maó en donde años más tarde se erigirá un mausoleo para recordar a todas las víctimas del Roma. Cada 2 de noviembre se celebra un acto en su memoria y cuando acuden buques de la armada italiana en otros meses del año siempre se rinden honores a los fallecidos en el Roma. Cabe señalar que se trata de los únicos muertos del Roma que han recibido sepultura en tierra ya que el resto descansan en el fondo del Mediterráneo.
La España neutral de 1943 cuidó de los heridos, pero también impidió que la flotilla que trajo a los supervivientes pudiera volver a zarpar para entregarse a los aliados en Malta. Franco tenía unos buques de guerra en su poder para negociar con aliados y alemanes al mismo tiempo. Estos barcos incluían 1.300 marinos más. España, tras curar a los heridos les facilitó una salida hasta el balneario de Caldes de Malavella en Cataluña, al norte de Barcelona. Más tarde fueron repatriados desde allí. Pero los 1.300 italianos restantes permanecieron en Maó al no permitirse la salida de sus barcos. Permanecieron así hasta el 25 de enero de 1945 tras un largo litigio y numerosas presiones de los Estados Unidos sobre Franco cuando ya se vislumbraba la victoria aliada en suelo europeo.
16 meses estuvo en el puerto de Maó este contingente italiano lo que creó numerosos lazos. Se contabilizaron una decena de matrimonios entre marinos y mujeres isleñas. También se crearon amistades que aún mantienen los descendientes de los menorquines y de los miembros de la Regia Marina. Todo ello más el impacto de recibir 285 heridos de golpe en el hospital en la que fue la última gran actuación sanitaria de dicho centro antes de su cierre hizo que el recuerdo del Roma esté muy vivo en Maó.
Pero la memoria no se circunscribe sólo al mundo de los sentimientos. Además del homenaje anual a los fallecidos en el mausoleo del cementerio de Maó, este año se ha inaugurado un pequeño museo dedicado al acorazado en la Illa del Rei. El antiguo hospital está siendo restaurado por un grupo de voluntarios en una iniciativa que encabezó el anterior jefe del estado mayor del ejército español, el mahonés Luis Alejandre.
El complejo dispone de numerosas salas una de las cuales se dedica únicamente al Roma. Cuenta con varios paneles explicando lo que aconteció tras zarpar de La Spezia en 1943. Dispone de más de 300 fotografías, entre ellas las de los 26 fallecidos y las de un centenar de supervivientes además de muchas otras de la nave y de su vida diaria. La pieza central de la sala es una espectacular maqueta a escala del Roma de más de dos metros y medio de eslora. Se trata de un trabajo artesanal del italiano residente en Menorca Mario Cappa quien está casado con una familiar de uno de los supervivientes del Roma. La colosal reconstrucción le llevó cuatro años de trabajo. Ondean en este museo banderas de numerosos pueblos, ciudades y regiones italianas que han donado su enseña en recuerdo de sus fallecidos en el Roma aunque algunas zonas tan destacadas como Lazio y la propia Sicilia no han entregado las suyas. “No me interesa comprar una bandera en cualquier sitio. Quiero que sean las instituciones quienes la entreguen y recuerden a los hijos de su región que fallecieron en aquella acción de guerra” declaró Cappa que se encarga de la sala en la Illa del Rei.
El Roma se hundió, pero su drama llegó hasta la costa menorquina que supo hacer suya la desgracia de estos jóvenes que sirvieron a su país. Años después Maó aún recuerda como pudo ayudar a los italianos. La huella del Roma persiste.
Jordi Ribera